Registros institucionales de mis obras

El registro institucional de mis obras no fue algo que tuve en consideración desde el principio. Como sucede con la mayoría de los autores, inicié mis publicaciones con la única intención de compartir mis escritos y hacer un aporte.

Sin embargo, a medida que fui adentrándome en el mundo literario comprendí la importancia de estos registros institucionales.

Una institución no solo preserva las obras que incorpora a su acervo, sino que también facilita su consulta y estudio a través del tiempo. Cuando entendí eso, reconocí que era allí donde debía permanecer mi aporte literario y decidí acercarme para solicitar que mis obras fueran consideradas.

El proceso resultó mucho más sencillo de lo que imaginaba. Bastó con comunicarme por vía electrónica y, en un tiempo razonable, recibí respuestas positivas. Esa rapidez, unida a mi desconocimiento sobre la forma en que operan las instituciones en estos casos, me llevó a pensar que la aceptación de una donación significaba que el registro ya se había realizado.

Con el tiempo comprendí que no es así. Una cosa es que una institución acepte una donación y otra muy distinta que incorpore la obra a su acervo bibliográfico. Lo primero es un gesto de apertura y disposición institucional; lo segundo implica un proceso de evaluación. Si la obra no cumple con los criterios establecidos por la institución, ese registro simplemente no se realiza.

En el caso del Ateneo Puertorriqueño, recibí una comunicación oficial en la que se me notificó que se aceptaba la donación de mi novela En Vuelo Como las Aves para su Colección de Arte y que se coordinaría la entrega del ejemplar.

Comunicación oficial del Ateneo Puertorriqueño notificando la aceptación de la donación de la novela En Vuelo Como las Aves para su Colección de Arte.

Posteriormente, la Biblioteca Nacional de Puerto Rico me remitió sus cartas oficiales, en las que confirmaba que mis obras pasarían a formar parte de su acervo bibliográfico y estarían disponibles para consulta e investigación por generaciones futuras.

Asimismo, recibí una comunicación de la bibliotecaria Irma N. Campos Colón, de la Biblioteca Félix Garay Ortiz de Salinas, confirmando la recepción e incorporación de La Estrellita Caili a la biblioteca escolar.

Comprender esa diferencia me permitió valorar mucho más el significado de cada una de estas comunicaciones. Más allá de aceptar una donación, representan el reconocimiento institucional de unas obras que, desde ahora, quedan preservadas para el acceso y la consulta de futuras generaciones. De todas ellas, la incorporación a la Biblioteca Félix Garay Ortiz tiene para mí un significado especialmente emotivo, porque se trata de la biblioteca del pueblo donde crecí y del que proviene mi identidad.

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